Por encima de nuestras posibilidades

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

26 jul 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

E llos sí que están viviendo por encima de nuestras posibilidades. Me refiero a esos mercados que nos clavan unos intereses cada vez más altos por nuestra deuda, fomentando así el riesgo que luego nos atribuyen y con el que justifican la continuación del asalto a nuestras arcas. La fórmula tiene pocos secretos, pero mucha rentabilidad, de esto no hay duda. La prima de riesgo es su familiar más entrañable, y de su cuidado se encargan las agencias de calificación, esas que tanto y tan impunemente -y no podría decir que desinteresadamente- se han equivocado en el pasado.

No, no somos nosotros los que estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades. Ya no. Son ellos los que se están encarnizando con nosotros, sin dar tiempo a que nuestras medidas fructifiquen debidamente y corrijan los errores (tal vez porque ellos encuentran mucho más rentable que no podamos levantar cabeza). Esta es una forma de ver y entender lo que está sucediendo. Los mercados están apostando contra nosotros porque es más rentable que hacerlo a favor, y seguirán así mientras la ecuación no varíe. Es su vieja ley y no hay Robin Hood que la cambie.

¿O se puede cambiar? Está claro que los Estados Unidos de Europa podrían enderezar la situación. Pero resulta que los Estados Unidos de Europa no existen y este nombre hoy solo designa una entelequia. Los mercados lo saben y se aprovechan de ello, y así viven impunemente por encima de las posibilidades de España (y, por supuesto, de Portugal, Grecia, Irlanda y, próximamente, de Italia ¡e incluso de Francia!). Demos tiempo al tiempo y lo veremos. La piedad no es una virtud que defina a esos mercados. Y su osadía se alimenta de la debilidad extrema de sus víctimas. Retrocederían, en cambio, si esos Estados Unidos de Europa existiesen y les plantasen cara. Porque su valor termina justamente en donde empiezan a encogerse sus beneficios. Entonces vuelven los ojos hacia otra pieza y se van a por ella.

¿Tenemos posibilidades de salir bien librados de este acoso? Sí, las tenemos. España no era antes un gigante ni es ahora un enano. Nuestros socios del euro lo saben y deben ayudarnos. Porque el buen futuro de Europa es seguir siendo su propio gran mercado.