Ven y cuéntalo

OPINIÓN

05 ago 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando ETA mataba a diestro y siniestro, la consejera Rosa Díez parió una frase publicitaria resultona: «Ven y cuéntalo». Tenía el Gobierno vasco motivos de sobra para contrarrestar la sombría niebla de las balas, pero todos ellos saltaron por los aires por culpa de una viñeta de Mingote en la que utilizaba la frase como pie de un dibujo de un atentado. Así que una idea brillante se transformó en una grotesca ironía.

En junio, la Xunta convocó a los mejores expedientes académicos de Galicia para darles jabón y bla, bla, bla. Nos hemos merendado en el pasado cientos de actos parecidos, pero con un 54 % de paro juvenil hay que atinar con la puesta en escena. Los chicos de Feijoo no lo hicieron: a los perplejos chavales les regalaron... una maleta.

Ya lo advirtió Murphy. Los infortunios tienden a imponerse en una cadena diabólica. Analicemos si no la sorprendente idea de destruir la catedral de Santiago durante los fuegos del Apóstol. Con la moral vencida como andamos y asimilando todavía el estrafalario robo del Códice, no necesitábamos el impacto psicológico de la destrucción, aunque fuese virtual, de ese símbolo patrio, al que durante un rato concedimos el mismo destino que a la Roma de Nerón.

Más inauditos tropezones. El Gobierno de España trata de restañar la destartalada imagen de España con una campaña vía redes sociales con un eslogan inquietante: «Si la siesta es conocida mundialmente, por algo será». Extraño momento para presumir de esta costumbre local, justo cuando el resto del mundo anda perplejo con nuestras horteradas de rico nuevo y los que ponen la pasta creen que el español es un zalamero gondolero con el bandullo al sol.