Hace menos de medio siglo, el fascinante entorno de As Catedrais (Ribadeo) era solo conocido por los vecinos, que le llamaban A praia de Augasantas. Todo empezó a cambiar cuando un buen fotógrafo de Lugo tituló «La playa de las catedrales» una de sus fotos de lugar, seleccionada para mostrarse durante una semana en un expositor callejero. Antes, solo algunos privilegiados transitaban ocasionalmente por la zona. Uno de ellos era Leopoldo Calvo Sotelo, que luego sería presidente del Gobierno, y del que dicen que hablaba maravillas de este singular espacio, pero que no acostumbraba a traer visitantes consigo, tal vez para no contribuir a la masificación que hoy amenaza con desnaturalizarlo todo. Yo mismo llegué allí, años más tarde, de la mano de una pareja madrileña que creía haberse perdido en un lugar mágico del que no encontraban referencia detallada en sus guías. Ese día también yo me quedé sorprendido y abrumado, y decidí dedicarle un tiempo a todo aquello (lo que hice entrevistando a varios vecinos y escribiendo A lei das ánimas, una novela que justamente empieza allí).
Fue entonces cuando, además de la playa que aparece y desaparece con las mareas, surgió ante mí un espacio de arquitecturas naturales majestuosas que semejaban cinceladas por gigantes. Y los topónimos del lugar empezaron a hacérseme familiares: Augasantas, Carricelas, Esteiro, Seborello, As Covas, Marbadás, Os Castros y As Portelas. Y las puntas de A Granda, Esteiro, Cornexo, Campo y Xuncos. Y las peñas de As Chas, As Corvas y A Redonda. Y las grutas, con aperturas al cielo que los vecinos llaman ojos: el de O Xangalo, el de O Chinelo y los tres de O Calabazote. Por esto soy tan sensible al llamamiento que ha hecho el BNG (y que supongo comparten otras fuerzas) sobre la necesidad de «salvar» As Catedrais, espacio incomparable cada año más visitado. Urge un plan institucional conjunto que encamine el futuro de este prodigio natural. Entre tanto, por favor, alejen los merenderos públicos que invaden, atosigan, y ensucian. Esto no ocurre por ejemplo en las cataratas del Niágara, que son un buen modelo. As Catedrais se merecen esta atención y mucho más.