La aparición del Códice Calixtino en un garaje de Ames, envuelto en una bolsa para residuos sólidos, podría empequeñecer la dimensión áulica de un robo misterioso y relevante. El valor histórico del Códice, la osadía y sorpresa que supuso su desaparición, así como la dimensión mediática del acontecimiento, estremecieron a Compostela, a los numerosos peregrinos que la visitan y a toda persona de bien. Pero un robo así manifiesta problemas y negligencias graves en la conservación y custodia de un patrimonio histórico inigualable. Confiamos que la detención de los presuntos culpables, el dinero encontrado en el citado garaje, así como el propio desarrollo de la acción judicial en curso, podrán clarificar los hechos y precisar mejor las responsabilidades que correspondan. Los silencios que todavía envuelven al proceso nos parecen siempre enigmáticos y preocupantes.
La ocupación y robo protagonizado por José Manuel Gordillo y su sindicato en supermercados para dar de comer a personas necesitadas altera el orden establecido y genera conmoción social. Unos se enfadan, insultan y exigen detenciones y castigos inmediatos; otros aplauden, agradecen la solidaridad y consideran inteligente forzar así un debate sobre la pobreza y la hipocresía social. Los primeros enfatizan sobre la ley y el orden. Los segundos denuncian la quiebra de la equidad a través de políticas y normas que dañan a los más débiles. Los primeros dicen que ellos defienden la equidad, pero denuncian el procedimiento. Otros subrayan la diferencia entre discurso y realidad, la amnistía fiscal, la justicia y lo difícil de conciliar la lógica de la normalidad con la desesperación.
Y mientras nuestra economía agoniza en silencio. Casi nadie recuerda ya lo que significa un crédito bancario. La actividad empresarial ignora incluso el trote cochinero. Y a los mayores costes de la energía y del transporte (electricidad, combustibles, peajes), se le añade el bofetón del IVA, las angustias por los cambios en prestaciones y ayudas por desempleo, el lamentable problema de las preferentes, o la mayor dureza presupuestaria que otra vez exigirá la UE cuando se materialice en breve el rescate bancario. Y es que gobernar con obsesiones y dogmas, ignorando la razón política, los equilibrios sociales básicos y la propia experiencia histórica, no solo deprime, sino que genera comportamientos y problemas de consecuencias y riesgos incalculables.