S iempre he admirado al pueblo alemán, trabajador, tenaz e innovador que ha dado a la humanidad grandes personajes para la música clásica, Beethoven; el progreso científico, Einstein; la filosofía, Kant: o la literatura, Goethe... Pero en su aportación también hay puntos muy negros como las guerras mundiales que devastaron Europa, con millones de muertos.
Entiendo que ustedes y otros europeos nos reprochen que en España hemos vivido los últimos años alegremente, por encima de nuestras posibilidades económicas reales, y que se han cometido muchos errores. Entiendo que nos exijan mucho más rigor y austeridad. Pero no que quieran castigarnos hasta el punto de provocar un progresivo deterioro social y económico de consecuencias imprevisibles.
Hasta hace poco vivimos un consumismo desaforado, fomentado por un triunfalismo irresponsable de los gobernantes, y una especulación voraz e insaciable consentida o alentada por el poder político. En Europa se hablaba del milagro español y se nos ponía como ejemplo a imitar. Los fondos europeos eran un maná. Los mercados nos adoraban y las agencias de calificación nos otorgaban la famosa AAA. La prima de riesgo era una desconocida y teníamos la mejor banca del mundo. Nuestros gobernantes, en un alarde de estupidez e ignorancia, decían que pronto seríamos los mejores. Pero muchos intuíamos la gran mentira, la famosa burbuja, y que pagaríamos un alto precio más pronto que tarde. No era lógico tantos coches de alta gama, que la vivienda subiese de precio casi de un día para otro, que nuestras infraestructuras fueran las mejores de Europa, con aeropuertos o ciudades de la cultura innecesarias, etcétera. El drama se veía venir y no se hizo nada.
Los grandes culpables de esta situación no fueron los ciudadanos, aunque muchos tuviesen su culpa. Tienen nombres y apellidos entre políticos y banca-mercados aunque ninguno padezca la crisis y muchos se vayan de rositas con el bolsillo lleno. Los que ahora nos gobiernan nos hunden más para, según dicen, sacarnos a flote. El sumatorio de la incompetencia política y la avaricia de los mercados nos está sumiendo en un proceso de involución del Estado de bienestar, que es nuestro mayor tesoro social y democrático.
Ahora, queridos alemanes, sus gobernantes han decidido que España se empobrezca utilizando para ello el euro, la prima de riesgo, el BCE. Sus exigencias acabarán pasándoles factura a ustedes porque formamos parte de la misma realidad geo-socio-política y la historia les juzgará severamente. Muchos piensan que ahora Alemania en vez de usar los Panzer para someter a Europa, usa el euro como elemento de conquista, mucho más civilizado y que no produce muertos de forma cruenta. Quiero pensar, querido pueblo alemán, que ustedes quieren una Europa unida sin miserables y sin miseria.