Este verano los políticos han estado como escondidos de la gente. Incluso aquellos más normales y asequibles que tenían por costumbre tomar un café o una caña en el bar del pueblo, o jugar una partida de algo con los conocidos, se han mantenido alejados y recluidos en sus casas. Pocas salidas, con incondicionales y a lugares poco frecuentados.
Cabe deducir que nuestros políticos tienen mala conciencia por lo que ocurre y por lo que reflejan las encuestas del CIS sobre su caída de popularidad y culpabilidad en lo que acontece. Quizás por su imagen más extendida y no siempre justa de prepotentes y egoístas al no prescindir de ningún privilegio, frente a los recortes impuestos a los ciudadanos, las renuncias asumidas por la mayoría y las carencias lacerantes de cientos de miles.
Es como si hubiesen recibido una recomendación general de sus respectivos partidos para mantenerse alejados del votante y evitar posibles rifirrafes. No quieren fotos ni cámaras que puedan reflejar lo que es, o lo que no es, su descanso estival.
Igual que la sede de la soberanía nacional está bochornosamente rodeada de vallas y vigilada por la policía para evitar el asalto de cabreados y pescadores en río revuelto, así están nuestros políticos este verano: encerrados en casa y cercados por docenas de indiferentes, rencorosos y exaltados. Mala cosa para una democracia joven que necesita abrir ventanas, reconocer errores de todos, incluidos votantes y ciudadanos, y reconstruir lazos de unión entre representantes y representados sobre bases sólidas, realistas, de sentido común y en torno a lo que de verdad interesa: trabajo, seguridad, bienestar y realidad. Erradicar privilegios de escándalo, populismo, demagogia, independentismos y lo que nos diferencia. Y potenciar lo que nos une y nos hará nación creíble y respetada.
Que no se escondan. Den la cara, reconozcan sus errores con gallardía, pidan perdón, hagan propuestas sensatas y nunca oportunistas ni maximalistas, e intenten ser respetados porque solo con respeto y honradez podremos levantar de nuevo algo digno, justo y duradero para España.