Su año fue el 2003, cuando Beyoncé arrasaba con Crazy in Love. Llegó a ser el número uno del mundo. El jefe de pista durante dos meses. Ganó Roland Garros. Casi triunfó en Nueva York. Solo el saque de metal de Roddick lo impidió. Ya había entusiasmado en el 2000 al levantar la Davis para España, cuando todavía ganar la Davis no era rutina. Su partido ante el inmenso Hewitt para el tres a uno definitivo en el Sant Jordi quedará en la memoria. Ahora dice que se retira, que lo dejará en el Open de Valencia. Es Juan Carlos Ferrero, alias el Mosquito. Le llaman así por su físico. Delgado, pero capaz de volar por la pista y de devolver las pelotas como auténticas picaduras que el rival recibía como un castigo. Un grand slam y cuatro Master Series se lleva debajo del brazo este valenciano al que le gusta el color blanco de los polos clásicos y el azul del Mediterráneo. Vivió otros dos títulos de la Davis para España, pero ya con Moyá (2004) y Nadal (2009) como protagonistas de las victorias. Técnico, este mosquetero fue siempre un junco difícil de arrancar de la pista. Ferrero touché, o el tenis como una de las bellas artes.