Valoremos Galicia como se merece

Andrés Precedo Ledo CRÓNICAS DEL TERRITORIO

OPINIÓN

28 sep 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

La sociedad gallega ha evolucionado mucho y muy rápidamente, pasando de ser rural a convertirse en otra predominantemente urbana en pocas décadas, pero aquella mentalidad del pasado basada en una Galicia vista desde el atraso campesino sigue latente. Ya anteriormente, esa visión de la historiografía ruralista fue dominante en el nacionalismo cultural, en oposición a la realidad urbana avanzada que pocas veces mereció la atención debida de muchos intérpretes de nuestra realidad.

Nuestras ciudades portuarias, A Coruña primeramente y Vigo más tarde, se posicionaron desde el siglo XIX y se asentaron en el XX como centros de innovación y competitividad en el contexto europeo y español, gracias al mar, que actuó siempre como transmisor e introductor de nuevas ideas, de iniciativas y de innovaciones. Era la otra cara, apenas entrevista, en las descripciones de la Galicia de ayer. Lo curioso es que hoy siga pasando lo mismo, o parecido. Como ejemplo, si atendemos a ciertos medios, se sigue asentando un neorruralismo cultural que, haciendo muy bien en valorizar nuestros símbolos históricos, se olvida a menudo de nuestros logros de la modernidad. De esa mentalidad surge un espíritu acomplejado, hipercrítico, localista y provinciano que, sin salir de la atadura atávica de una cultura prefabricada, se instala de nuevo en el victimismo, en la queja y en un sentimiento de que aquí todo está mal, todo está mal hecho, y juicios parecidos.

Estas ideas revivieron en mi cabeza con ocasión de las magnificas representaciones del Festival de Ópera de A Coruña, que cumple sesenta años, promovido por la más antigua asociación de amigos de la ópera de España. Han pasado -siguen pasando- por este escenario gallego los mejores cantantes del mundo, los mejores directores, y con el apoyo de la mejor orquesta sinfónica de España, a decir de muchos cantantes y directores internacionales, que ponen en valor un gran proyecto cultural surgido en torno a esa formación. Todo ello gracias a las aportaciones de cultos patrocinadores privados en cooperación con las Administraciones. Hemos de reconocer que en el ámbito de la música y de la ópera hemos alcanzado posiciones de primer rango, aunque este año la falta de medios económicos impidió mantener el número de representaciones escénicas y ampliar las funciones para hacerlas asequibles a más ciudadanos. Como siempre, he encontrado en los entreactos conocidos de Asturias, de Barcelona, de Madrid que acuden con cierta regularidad a los festivales coruñeses. Sin embargo tal acontecimiento no tiene nunca el eco debido en la opinión mediática regional, más preocupada por fiestas anacrónicas y vudús ancestrales que por la cultura internacional. Al final parece que siguiéramos en la cultura de la vaca.

Es solo un ejemplo. Podría hacer una larga lista de ámbitos en que nuestra Galicia de hoy está a la vanguardia española, aunque muchas cosas nos falten aún, pero solo las conseguiremos si abrimos la mente al mundo, si sabemos valorar lo nuestro desde una perspectiva internacional, y si abandonamos esa mentalidad pueblerina y cínica del negativismo interpretativo.

La Galicia de hoy merece, muchas veces, ser mejor valorada. Pero antes debemos tener claro cuál es el concepto de Galicia que sintetiza nuestras aspiraciones y nuestros sueños. Y eso es lo que nunca tengo claro.