En clave gallega

Ramón Pernas
Ramón Pernas NORDÉS

OPINIÓN

De octubre a octubre, de un año para otro, Alemania cambió su rostro. Se encareció la vida y la sombra de la crisis de los países del sur de Europa veló, moderó su arrogancia.

Estoy, como en los veinte y pico últimos otoños, regresando de Fráncfort, a donde acudo a la feria y fiesta de los libros. Escribo en el austero, funcional y minimalista aeropuerto de la ciudad y más que nunca redacto en clave gallega. Anoche volví a un local del centro de la ciudad, un restaurante gallego. El dueño, cuando hace diez años le pregunté, al hablarme en nuestro idioma, de dónde era, me contestó: «Eu son da parte de Salónica». Al no ubicarlo y ante mi extrañeza, añadió: «De Salónica, no norte de Grecia». Su mujer pontevedresa me comentó la llegada reciente de nuevas remesas de emigrantes «non eran como nosoutros, agora veñen con estudios» y ganan menos, mucho menos proporcionalmente que los viejos emigrantes. Son mileuristas en la poderosa Alemania.

Iba a escribir sobre libros, que ese y no otro es el motivo de mi cita anual con la ciudad de Goethe, y a contar que de lleno estamos asistiendo, impávidos e impotentes, a un fin de ciclo, a la estación Termini de la cultura escrita; la vieja ilustración europea, intelectual y elitista, cercada por las nuevas tecnologías, mira de reojo a los países emergentes, a la India y a China, que exigen sentarse a la mesa común de la literatura. Dicho queda.

Pero en estos días de campaña electoral solo escuché palabras de indiferencia política, de hastío del discurso reiterado, en aquellos rapaces, emigrantes recientes, y en un par de veteranos que asistían a la improvisada tertulia y que reiteraban su incredulidad con las propuestas y despreciaba nla política convencional. Ninguno votará el domingo 21. Son la abstención exterior.

La clave gallega está en volver a activar el mensaje, por convocar, en clave gallega, a quienes no van a depositar su voto.

Y fui posponiendo la literatura como argumento central y en la noche vi a jóvenes mendigos durmiendo en portales de comercios del centro, y junto al símbolo del euro, a la sombra del Banco Central Europeo, estaba instalado un campamento de indignados/excluidos, mientras octubre era una fiesta de los libros y en los libros, la babel cultural que yo leí este año en clave gallega.