La operación Emperador, la de la red mafiosa china, tiene más pinta de ser el guion de un capítulo de Kung Fu que un episodio real. Porque parece increíble que a estas alturas, con lo que sabemos y los adelantos que tenemos, pueda ocurrir lo que ha ocurrido en las naves de Fuenlabrada.
No puede ser real. Un pirata chino que se hace fotos con el rey y con Moratinos. Carritos de supermercado repletos de billetes de 500 euros. Contenedores y maletas que abandonan España repletos de dinero. Reportajes en televisión. Una red mafiosa en la que se integran políticos, empresarios, funcionarios y un tipo que vive de tener un chiflo enorme. Y todo esto en un país que presume de ser ejemplar en la lucha contra la delincuencia y el fraude fiscal.
Aquí han fallado los controles en los negocios sospechosos, en la evasión de impuestos, y en el enriquecimiento injustificado. Aquí, que tenemos una policía tan resolutiva en manifestaciones y unos investigadores tan perspicaces, resulta que los chinos montan un emporio mafioso y esperamos a que nos birlen 1.200 millones para atarlos en corto.
Claro es que lo mismo es que están entretenidos en ver cómo prohíben que los fotografíen cuando se dedican al noble arte del apaleamiento.