«Spain is different», Gran Bretaña también

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

21 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

En España pasan cosas muy extrañas y cosas muy extrañas suceden también en Gran Bretaña, aunque las primeras sean menos de alabar que las segundas. Dos ejemplos permiten entender hasta qué punto el hecho de que Gran Bretaña sea la democracia más vieja de Europa Occidental y España la más joven nos deja en clara desventaja.

¿Cómo entender la increíble opacidad fiscal y financiera de las decenas de miles de negocios chinos existentes en España? No hay que ser un policía especializado en la lucha contra la criminalidad organizada para saber que algo raro tenía que pasar con los movimientos milmillonarios de las empresas chinas instaladas en todos los puntos de nuestra geografía.

Cerca de donde trabaja mi mujer hay una tiendecita cuya propietaria, que presume de no vender nada fabricado por el gran gigante asiático, pregunta obsesivamente a sus clientes «onde andan os chinos» que hacen negocios en Santiago. «¿Vostede veu algún metendo ou sacando cartos nun dos nosos bancos?», inquiere la señora: «¿Veunos na praza ou comprando nun supermercado?». Las preguntas son capciosas, por supuesto, pues la comerciante sostiene que, «nesto dos chinos», algo huela a chamusquina.

La operación Emperador, probablemente solo la punta del iceberg de los negocios de las mafias chinas en España, lo demuestra: esas mafias vienen actuando en España en un ambiente de gran impunidad que les ha permitido, sin ir más lejos, montar en Fuenlabrada la mayor concentración de grandes almacenes chinos existente en Europa. Entre tanto, tan increíble impunidad se ha traducido en delitos sin cuento (la explotación de seres humanos, entre otros), en unas pérdidas millonarias para nuestra Hacienda pública y en la ruina de miles de comercios nacionales incapaces de competir con quienes no pagan impuestos y tratan a sus empleados como esclavos.

Lo de los británicos es distinto. El líder parlamentario de los conservadores ha presentado su dimisión por llamar «chusma» a dos policías, aunque no es esto lo mejor: lo llamativo es que el enfrentamiento con los bobbies se debió a que aquellos le impidieron salir en bicicleta de la casa del primer ministro inglés. Entre un país -el nuestro- donde las dimisiones hay que arrancarlas con sacacorchos y los coches oficiales se cuentan por millares y otro -Gran Bretaña- en que un político importante ¡circula en bicicleta! y dimite por lo que aquí sería una nimiedad, existe una distancia sideral. La misma que explica, probablemente, que en Gran Bretaña todo el mundo -también los grandes comerciantes chinos- cumpla la ley de forma escrupulosa, mientras que hacen aquí lo que les peta, maltratando a sus trabajadores, defraudando a Hacienda y hundiendo el comercio nacional. Y es que, en efecto, Spain is different? aunque de un modo nada digno de alegría.