La crónica del horror

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

02 nov 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

El miércoles por la noche, la sociedad se dividía en dos. A un lado, la gente que veía la televisión, regresaba de sus cenas o llegaba a algún lugar a disfrutar del puente. Al otro, un número indeterminado de personas, muchas jóvenes, comenzaban la fiesta de Halloween. Periodistas de las tertulias nocturnas de radio contaban cómo las calles de la ciudad estaban llenas de festeros disfrazados. Las crónicas habían dicho que se habían vendido un 40 % más de disfraces que hace un año, como si la fiesta desconociese las reglas de la crisis.

Unas horas después de esas escenas despreocupadas, una noticia estremecía al país: tres chicas habían muerto en una macrofiesta. Otras dos siguen en estado crítico cuando escribo esta crónica. En la sala del terrible suceso cabían 10.500 personas, tantas como en algunos estadios de fútbol al aire libre. Por los datos de que disponemos, ha sido una muerte horrible: fueron pisoteadas, machacadas por una avalancha humana presa del pánico por el ruido y el resplandor de un petardo o una bengala que había lanzado algún macabro bromista. Mientras no termine la investigación, no puedo sostener ninguna tesis. Me limito a hacerme eco de una escena de terror.

Y hecho eso, dejad que me fije en los padres de esas chicas: las han tenido que reconocer en el Instituto Anatómico Forense. Salieron de casa, como han salido tantos fines de semana. Alguno de esos padres o de esas madres quizá las esperó sin atreverse a dormir. Otros, al levantarse, miraron en su habitación. Y no estaban. Y oyeron la radio: tres jóvenes muertas en el Madrid Arena. Y el primer escalofrío. Y la llamada a la policía. Y una recomendación: comprueben si uno de los cadáveres es el de su hija. Y allí la encontraron. Primero, la duda; después, la incredulidad; finalmente, la desolación. En un minuto te han segado la vida que has cuidado durante veinte años.

Ahora discutiremos si funcionó debidamente el sistema de seguridad; por qué no se abrieron todas las puertas; quién es el homicida de la bengala; por qué se permitió la entrada de explosivos? Yo pienso en los otros miles de padres que esta noche de viernes no podrán dormir, ignorando dónde están sus hijos. Pienso en los que sufren al verlos salir, porque la noche es bella, pero peligrosa. Pienso en los que solo se alivian al oír de madrugada cómo se abre la puerta. Pienso en los de esas chicas, amargados para siempre porque las dejaban salir a esas horas. Pienso en la cantidad de muerte injusta que nos rodea y rodea las noches de vino y rosas. Y pienso que, en el fondo, todos tenemos la vida tasada: hasta el momento en que a alguien se le ocurra la broma macabra de lanzar un petardo en una concentración humana.