No era Superman

Enrique Clemente Navarro
Enrique Clemente LA MIRADA

OPINIÓN

05 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Evidentemente Barack Obama no era Superman. Su victoria, tras la nefasta presidencia de Bush, levantó unas expectativas exorbitantes a escala planetaria. Era imposible que su gestión pudiera siquiera acercarse a colmarlas, teniendo además en cuenta la desastrosa herencia recibida. Cualquier analista sabía que su célebre «yes, we can» tenía claros límites. La frustración estaba servida desde el mismo día de su elección. Los mesías no existen. Pero nadie puede dudar de que su país y el mundo están mejor que en el 2008. Lo realmente interesante es la mutación que ha experimentado durante sus cuatro años en la Casa Blanca. Un ejemplo de manual de hasta qué punto la realidad, la lógica del propio sistema político norteamericano, los poderes fácticos, las grandes corporaciones, el complejo industrial-militar o Wall Street, limitan y condicionan la actuación de cualquier presidente por mejores intenciones que tenga. Aquel carismático político de brillante oratoria que encandiló, cercano y accesible, que tantas ilusiones y esperanzas generó y recibió el Nobel de la Paz al inicio de su mandato, se ha transformado en un presidente pragmático, sobrio, encorsetado, frío y distante, que no ha cerrado Guantánamo como prometió, ejecutó sin pestañear a Bin Laden y ha matado cuatro veces más personas que Bush con los drones. De la «audacia de la esperanza» -título de uno de sus libros clave- quedan apenas rastros. Tanto ha cambiado que hoy representa la seguridad frente a un Mitt Romney que suscita muchas dudas. La polarización de la sociedad estadounidense, el desgaste del poder, la desilusión y la crisis que sigue amenazante hacen que no tenga ganada la reelección.