Así funcionan aquí las cosas. Cuando hay muertos sobre la mesa nuestros gobernantes se desperezan de su letargo y sobreactúan para tratar de transmitir a la opinión pública -sus futuros votantes- su dolor y que van a hacer todo aquello que no llevaron a cabo durante años. Viene esto a cuento de la muerte de las cuatro jóvenes en el Madrid Arena y de los casos de suicidios a raíz de los desahucios. A estas alturas es más que evidente el cúmulo de irregularidades que provocaron la tragedia de Halloween, de la que hay responsables jurídicos y políticos, aunque aún nadie ha dimitido. Ahora el Ayuntamiento de Madrid, como pollo sin cabeza, anuncia medidas cuando miró hacia otro lado tras conocer un informe del 2010 que alertaba sobre los numerosos fallos de seguridad del recinto. En el caso de los suicidios resultaba obvio que con un paro galopante y una brutal caída de los salarios, cada vez más familias no iban a poder pagar sus hipotecas o alquileres, por lo que serían arrojadas de sus hogares sin contemplaciones. Zapatero no hizo nada y Rajoy se limitó a elaborar un código de buenas prácticas no obligatorio para los bancos, cuyos pobres resultados saltan a la vista. Desde que empezó la crisis, ya ha habido 400.000 desahucios. En lo que va de año han aumentado un 15 %. Ante el clamor social de una población harta y y escandalizada que ve cómo las autoridades acuden raudas a rescatar a las entidades financieras con miles de millones mientras se deja en la calle a personas de carne y hueso, ancianos y niños, el Gobierno y el PSOE se rasgan las vestiduras e intentan dar solución ahora a una situación desde hace mucho tiempo dramática. Todo sea por el voto.