Ejercicio respiratorio

Eduardo Riestra
Eduardo Riestra TIERRA DE NADIE

OPINIÓN

18 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Había escrito un artículo muy ingenioso y muy corrosivo sobre los parlamentarios y sus iPads donde al Senado, por ejemplo, le llamaba el Alto Balneario. En fin, un artículo para hacer afición. Pero lo he roto. Me he dado cuenta de que los políticos, en su voraz invasión de muertos vivientes, me están succionando la tinta de mis columnas, robando el espacio pedregoso y yermo de esta tierra de nadie.

Yo lo que siempre he querido es hablar de las cigüeñas y las golondrinas de Machado, de las aceitunas y las operaciones aritméticas de Lorca, de las crecidas del río Misisipi, que mi padre acentuaba en la última i, por donde flota Huck en su balsa con el esclavo Jim, o de los presidiarios de Faulkner. Los políticos, la política, nos están quitando esa parte de la vida de un hombre que lo eleva un par de palmos del suelo: un concierto para piano de Rachmaninov o el epitafio que Rubén Darío escribe a la muerte de Antonio Machado -estos días azules y este sol de la infancia- y que un niño de diez años oía en la voz tonante de Santiago Fernández, entonces un profesor casi adolescente. Uno tiene que parar un momento y darse cuenta de que es más que un vecino, que un ciudadano. Que por encima de la economía y el Estado hay algo que nuestros tatarabuelos descubrieron al dibujar bisontes en una piedra. Los bisontes han proclamado al universo un grito desgarrado: en aquella bola lejana y pequeñísima llamada Tierra hay hombres. Y perdonen ustedes que me haya puesto estupendo.