La tormenta

Eduardo Riestra
Eduardo Riestra TIERRA DE NADIE

OPINIÓN

16 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Ha llegado lo nuestro, el temporal que encrespa el océano gris y barre de la tierra árboles y postes como los de Clarín o Wenceslao. Nuestro minuto de gloria, entre tanta Cataluña y tanto Real Madrid, es siempre la tormenta. Aquí, bien abrigados, hablamos con orgullo ante las cámaras de los telediarios de que las olas alcanzan los ocho metros y el viento los cien kilómetros por hora. Alguien añade con sorna que los niños no van a dejar de ir al colegio cada vez que llueve. Es nuestra tormenta, nuestra identidad galleguista. A veces, ya lo saben ustedes, el mar se cobra un pescador de caña o de rasqueta, otras un bote, y a veces un barco entero. Avanza el año a morir a la arena de enero penetrando cada vez más en un túnel negro donde los ecos de las psicofonías de los ministros de Rajoy (Wert, Guindos, Gallardón) nos meten el mismo miedo de la vieja casa de los horrores del parque de atracciones de la Casa de Campo. Vamos al matadero, o por decirlo como Shakespeare, al invierno de nuestro descontento, y nos zarandea la tormenta. Pero la tormenta no nos asusta; todo lo contrario. La tormenta nos arropa en medio de tanta impotencia y tanta desolación. El desmoronamiento del mundo que nos han creado nuestros padres, que antes trabajaban como burros para darnos estudios, y pollo asado, turrones y peladillos por Navidad, y ahora ya no están o si están padecen la ignominia del pago por receta, por ambulancia, por la culpa de seguir vivos. Y que bajan a la playa cautelosos a ver el mar.