L a revolución árabe ha significado, para los países que componen esta comunidad, un proceso que por distintos caminos los ha llevado al mismo fin, la caída del dictador. El régimen sirio que lidera Bachar al Asad ha iniciado una marcha bélica terminal, con la feroz defensa en la que han caído muchos miles de ciudadanos sirios, entre muertos, heridos y refugiados. El desenlace final está ya próximo, sin vuelta atrás, como Gadafi, cuando se produzca la desbandada de las fuerzas gubernamentales. Porque han perdido posiciones territoriales y morales frente al llamado Ejército de Liberación Sirio, formado por grupos rebeldes cada día más numerosos y fuertes. Asad ya los tiene en las afueras de Damasco, ha perdido el control de los territorios, en el Norte y Oeste, y sobre todo, los rebeldes han ganado el apoyo de 180 naciones, EE.?UU. y Francia entre otros.
Podríamos preguntarnos: ¿por qué no intervenir en Siria como sí se hizo en Libia? Aparecen tres razones fundamentales: en Siria no hay petróleo, tienen un gran ejército organizado con el apoyo de Rusia y también que en el Consejo de Seguridad de la ONU nunca se pudo obtener el permiso para intervenir en apoyo de la población, porque China y Rusia se opusieron firmemente. Pronto se verá el final, que esperemos no sea tan trágico como el de Gadafi.