Lens es una población de 36.000 habitantes. Está en el norte de Francia, donde el tiempo no es una caricia y la economía es un castigo. Solo el equipo de fútbol, con su vistosa camiseta roja y amarilla, logró en los noventa ganar una liga. Lens era famoso por sus minas de carbón. Y ahora recibe un impacto de luz, justo sobre el lecho abandonado de una mina del carbón. Se trata de la apertura, después de nueve años, del Louvre II. Sí, como lo leen, la nueva sede del Louvre de París. La prolongación de la excelencia para repartir el poder de atracción de la belleza. Para la región es una noticia maravillosa. Una manera evidente de poner Lens en el mapa. La silueta del edificio casi plana es obra de japoneses. Cristal y acero que apuestan por encima de todo por el espacio expositivo. Lo importante es el cuadro. El contenido, no el continente. Y en Lens empiezan fuerte, gracias a la generosidad de París. Ahora mismo se puede ver nada menos que La libertad guiando al pueblo, de Delacroix, o La primavera, de Arcimboldo. Este primer año esperan alcanzar 700.000 visitantes. Y que luego la cifra se fije en medio millón. El imán del arte.