Muchos nos habíamos creído el discurso de la solvencia de la Administración gallega; muchos estábamos convencidos de que a los empleados públicos de esta comunidad autónoma ya no se nos iba a someter a una nueva disminución del salario, y muchos también soñamos con lo que se nos decía acerca de la recuperación de la paga de Navidad. Es más, parecía que si por el Gobierno gallego fuera, no se hubiera retirado dicha paga para este año, principalmente por las consecuencias que dicha reducción iba a tener sobre el consumo navideño. Y sobre todo porque ya llevamos soportando demasiadas reducciones, unas directas y otras por eliminación sin más de derechos adquiridos. Pero estábamos equivocados, y a pesar de la edad que algunos tenemos, seguíamos siendo crédulos como niños.
La misma credulidad que nos llevó a creer que todos los políticos y «servidores públicos» se ajustaban también el cinturón en consideración a los ajustes que los demás ciudadanos padecen. Pero ahora nos enteramos de que los diputados autonómicos, además de un cuantioso sueldo, siguen teniendo cuantiosas dietas por desplazamiento y otro tipo de retribuciones complementarias, cuando además muchos de ellos pueden compatibilizar la actividad privada con la pública, porque al fin y al cabo el trabajo no es tanto como para impedirlo. Y lo mismo se puede decir de los demás diputados, sean nacionales o provinciales, de los ociosos senadores, de muchos alcaldes y concejales que de un modo u otro se llevan una buena proporción de los impuestos de los vecinos.
Un tercer aspecto a considerar es el siguiente: nuestro retroceso demográfico, prácticamente imparable, nos va a situar muy pronto por los dos millones y medio de habitantes, con el 22 o el 23 % de jubilados o en todo caso de población mayor, y con un bajísimo porcentaje de jóvenes porque han tenido que emigrar en búsqueda de oportunidades de trabajo que aquí se le niega. Pues bien, en este contexto, ¿creen ustedes que para tan poca población hacen falta tantos políticos? ¿Tantos diputados? ¿Tantos asesores? ¿Tantos organismos? ¿Y no creen también que los requerimientos de dedicación para gestionar una comunidad tan reducida difícilmente justifican tantas dedicaciones y competencias?
Si seguimos por este camino -ya nada hace pensar lo contrario- tendremos un país afectado de fuerte raquitismo, con una cabeza muy grande llena de políticos bien pagados y un cuerpo raquítico y débil, asediado y empobrecido por tantos impuestos necesarios para pagar tantos sueldos. Por eso al final pienso que lo de la solvencia no es más que una manera de calificar un sector que por no estar afectado por el paro ni por los ajustes resulta ser el más solvente de todos: la clase política.