La impolítica lingüística

Xavier Alcalá< / span> A VOO DE TECLA

OPINIÓN

Conocida la alergia al idioma gallego del señor Rajoy y deducida por las soflamas del señor Wert su humanística ignorancia, estas notas a vuelatecla para La Voz de Galicia hoy van en castellano. Dada la situación que vive España y la audiencia allende El Bierzo, valga la excepción? En el centenario de la Academia Brasileira de Letras, el presidente Cardoso dijo que su país inmenso existía como unidad nacional gracias al idioma portugués: idea respetable que, sin embargo, no soporta el peso de la ciencia. Un filólogo habría dicho que la unidad del Brasil se debe al idioma gallego, impuesto a punta de espada desde Coímbra hacia el sur, donde se hablaban mozárabe, bereber y algo de árabe.

La historia se puede inventar pero la filología y la sociolingüística no admiten cuentos. Quizá desde Madrid, y apenas hablando castellano, se llegue a imaginar posible un autonómico café para todos en idiomas. Pero no lo es. ¿Qué tienen que ver Galicia, País Vasco, Cataluña y Valencia en relación al bilingüismo? Muy poco. El gallego (no el castrapo) es la forma original de uno de los tres idiomas europeos más hablados en el mundo. Para los vascos, el castellano era una lingua franca, una salida al mundo latinizado. En Cataluña, el idioma lo protegió la Iglesia, mientras en los seminarios gallegos se castigaba con el anillo de hierro al infeliz que no podía ocultar su lengua materna. En Valencia siempre hubo poblaciones de habla castellana?

Si en España no gobernase la impolítica lingüística, se aceptaría que el multilingüismo es una quimera; y que, en términos de sociolingüística eficaz, lo que se debe buscar es la multiglosia consciente, adaptada a cada circunstancia. Solo un catalán tonto puede despreciar el conocimiento de la lengua castellana. Y solo un cavernícola monolingüe puede pensar que su idioma no es foráneo allá donde el natural es otro. Si España quiere abrirse a más mundo, ¿por qué la insistencia del «bilingüismo armónico» que conduce a la agonía del gallego? Pasan las décadas y continúa cortándose la transmisión de la lengua entre generaciones (he ahí al castellanizado señor Rajoy, nieto de ilustre redactor de Estatutos en gallego). Wert es palabra germánica que dice de valor, precio, hasta de mérito. Gran mérito sería el de un exdiputado por A Coruña reconocer que cada «región» tiene sus características, y que Galicia es el puente de España con la lusofonía. En vez de tanto «derecho» a estudiar en castellano, más valdría hacer obligatorio el estudio del portugués: basta con mirar apenas hacia Angola y Brasil.

Imagine el madrileño que la lengua oficial de Francia y sus excolonias fuese el occitano. ¿No merecería la pena fomentar su estudio en Cataluña? Claro que, para hacerse esa pregunta, es necesario considerar a las Españas en su completa dimensión (a lo cual ayudan vivir en provincias y viajar mucho).