H ace año y medio que en Europa se inició una recuperación del mercado bursátil, y en España ha empezado a remontar desde hace unos meses. Y como en la actual economía cualquier movimiento sistémico repercute en las economías locales, en nuestra región hemos visto también algunos síntomas positivos, como por ejemplo y, por lo que nos toca, la propia respuesta a la ampliación del capital del Banco Popular, ahora estrechamente vinculado a los intereses financieros de Galicia. De hecho, y este es el primer paso, la ampliación del banco matriz coincide con la apertura de un ficha bancaria para el Banco Pastor con sede social y consejo en A Coruña y que, aun cuando no compense ni de lejos las pérdidas en empleos y recursos que su fusión supuso, va a incrementar los ingresos locales y regionales. A ello se añade la llegada de capital gallego del exterior, principalmente venezolano, para asumir la propiedad de un pequeño banco gallego, el Echevarría, que puede significar un segundo paso para la restauración de nuestro sistema financiero. Y queda para un tercer lugar la deseable recuperación del nuevo banco surgido de las antiguas cajas, y que al menos ya tiene un camino claro, aunque evidentemente de difícil recorrido. Sería una gran oportunidad para Galicia poder reconstruir su sistema financiero, y en particular una gran ventaja para A Coruña que en este traspié financiero ha sufrido un duro golpe, solo compensado por la esperanza puesta en nuevas inversiones productivas. Ya sé que es una visión muy optimista, pero así debe ser para comunicar un halo de esperanza y contrarrestar algunas visiones catastrofistas, casi siempre interesadas, sobre el futuro financiero de nuestra región. También en esto necesitamos confianza en nosotros mismos.