D e la Ciudad al Campus hay un largo recorrido de cinco años. La idea inicial del presidente Pérez Touriño de convertir las instalaciones en Vigo de la ETEA en la Ciudad del Mar sufrió avatares diversos. Empezando por el tortuoso camino de reversión de los terrenos, comprados por la Zona Franca para una urbanización singular, a un uso público. Se agotaron en este proceso buena parte de las energías y oportunidades de tan complejo objetivo. Por más que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, entonces con capacidad inversora y estrategias institucionales, y parte de los equipos rectorales del sistema universitario se hubieran implicado en ello.
Con la llegada del Gobierno de Núñez Feijoo fue necesario rediseñar proyectos y estrategias. Y a ello se aplicaron el presidente del CSIC, Rafael Rodrigo, y el rector de la Universidade de Vigo Alberto Gago. La decisión de este último, en noviembre del 2009, de concurrir a las convocatorias de campus de excelencia y liderar el proyecto Campus do Mar, permitió dar continuidad a los más sobresalientes objetivos recogidos en los proyectos científicos de la Ciudad del Mar.
La asunción y el apoyo del presidente Núñez Feijoo a ese proyecto, manteniendo el uso de la ETEA para instalaciones científicas, con el trabajo intenso de las consellerías de Ordenación Territorial y Educación, y la integración como promotores de las otras universidades gallegas, el IEO y el CSIC, permitieron que el Gobierno de España aprobase el Campus do Mar el 21 de octubre del 2010 como campus de excelencia.
A lo largo del 2011 se constituyeron sus órganos rectores y aprobaron los trabajos de desarrollo, a la vez que la Xunta, ya en febrero del 2012, aprobó el plan sectorial especial para el entorno ETEA. Por más que los nuevos recortes presupuestarios, sobre todo en el CSIC y en el ministerio matriz, pero también en la Xunta de Galicia, nos han traído a una realidad desencantada.
Con la distancia que proporcionan el tiempo y el silencio ejercido, conviene una reflexión sobre el proyecto. No parece probable que las restricciones presupuestarias tengan solución a corto plazo, aun existiendo fondos tecnológicos y Feder europeos. Sin embargo, son posibles y necesarias estrategias políticas y acciones que permitan consolidar lo iniciado, y entre ellas dos: dotar al Campus do Mar de entidad jurídica que integre organizativa y científicamente las aportaciones de las instituciones promotoras, y reintegrar la unidad de dirección y gestión de la I+D pública gallega, quebrada en el 2011 por el plan IC2 de la Xunta entre Educación e Industria, en un único departamento. Porque con esas acciones podrán lograrse y dirigir con eficiencia los objetivos del Campus do Mar y consolidar, más allá del 2015, ese proyecto estratégico para Galicia. Si aún creemos en proyectos estratégicos.