No debe haber cosa peor que ser un proyecto de ley de transparencia y vivir en este país, reconocible en estos momentos, lo cuenta incluso el The New York Times, por los corruptos y presuntos corruptos que lo están exprimiendo, en una especie de cadena de favores que parece no tener fin y que además, con poquísimas excepciones, se caracteriza por no arrepentirse de sus pecados (que son casi siempre, robar a los pobres, o sea, a los ciudadanos, para hacerse todavía más rico). Anda ese proyecto de ley dando literalmente tumbos por el Congreso y salen a la luz datos de un estudio sobre transparencia que casi podían haberse ahorrado. Basta leer el periódico para comprobar que hace falta mucho más que una legislación sobre el buen gobierno de las instituciones para evitar que la corrupción acabe con todo.