Son la cara luminosa de una realidad tan frecuentemente oscura. Sus cifras son las de la esperanza frente a las deprimentes de los seis millones de parados, de la recesión o del alarmante aumento del número de niños que van cada mañana al colegio con hambre.
Que 40.000 gallegos hayan decidido aportar su colaboración altruista a alguna de las asociaciones sin afán de lucro que aquí trabajan supone un contrapeso ilusionante frente a tantos casos de corrupción que afloran entre quienes en teoría trabajan en beneficio de la sociedad.
Que la Cruz Roja cuente aquí con el apoyo de 19.000 voluntarios facilita poner en marcha multitud de iniciativas, la más reciente de ellas la web agoramaisquenunca.org, que permite seleccionar el destino concreto de una aportación solidaria en dinero o en especie.
Los cerca de tres mil voluntarios de Cáritas en Galicia forman parte de la columna vertebral de una organización que trata de paliar cada día la situación apurada de miles de personas.
En el apoyo de sus voluntarios confía Manos Unidas para sacar adelante la campaña «No hay justicia sin igualdad», que acaba de poner en marcha para luchar contra la brutal discriminación de la mujer en demasiados países del mundo.
Es especialmente alentador que el número de voluntarios aumentase un 20 % en el 2012, en pleno epicentro de la crisis. Estamos aún por debajo de los países más destacados, pero subiendo a buen ritmo. Cuanto más crezca esa cifra, más sana demostrará estar nuestra sociedad. Y habrá más ciudadanos con suficiente conocimiento de la realidad para exigir una gestión de la crisis mucho más justa.