E l ataque de guerrilleros islamistas, en un momento estratégico apropiado para apoderarse de un país sin Gobierno ni Ejército como Mali y establecer allí una república islámica, constituyó un verdadero desafío a Europa y más concretamente a Francia y a España, las naciones europeas más próximas. Así, no es de extrañar la inmediata reacción de los franceses, antiguos colonizadores de Mali, pero también de los países africanos que demuestran no querer que los europeos vuelvan a este continente. Pero el conflicto internacional ya no tiene vuelta atrás, por el inminente peligro que se cierne sobre la región mediterránea, tanto en el Magreb como en el sur de Europa. A España le afecta de un modo muy especial, por cuestiones de seguridad estratégica, en el archipiélago canario, en los territorios norteafricanos y en cuestiones tan sensibles como la inmigración, la pesca y la lucha contra el tráfico de drogas, y algo vital como es el suministro de gas desde Argelia. Si las franquicias de Al Qaida llegaran a instalarse en Mali, cosa que parece que no van a conseguir, este país podría convertirse a largo plazo en un nuevo Afganistán en el patio trasero de Europa. Así pues, esta operación demuestra que el plan de los yihadistas estaba perfectamente organizado y dirigido contra objetivos en Europa, a la que quieren volver, no para trabajar, sino para ocuparla nuevamente como en su añorada época de Al Ándalus.