La tristeza de Merkel y de Rajoy

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

Angela Merkel está triste. Lo confesó el pasado lunes, en presencia de un abatido Mariano Rajoy que vive sin vivir en sí. Dos almas en pena, pero mordidas por distintos mastines. El presidente, dolorido por la sombra de la sospecha que se cierne sobre su cabeza. La canciller, afligida por los jóvenes españoles condenados al paro. Aunque de naturaleza diferente, la melancolía que embarga a los dos mandatarios tiene el mismo origen: el hundimiento de un país en la ciénaga de la corrupción y el desempleo. Si ellos están tristes, el ciudadano está desesperado. Y le sobran razones para el cabreo.

Para la depresión de Rajoy mucho me temo que no tenemos remedio a mano. No hay rescate previsto ni amnistía a la que pueda acogerse. Deberá soportar con estoicismo el calvario al que lo somete la ralea de jueces, grafólogos, periodistas y quizás algún chantajista desleal que él encumbró. Solo le queda purificarse mediante el sacrificio personal o encomendarse a la Peregrina para evitar que el asedio de la turba desagradecida termine en desahucio.

Nos gustaría, por el contrario, devolver la sonrisa a los labios de frau Merkel, porque su tristeza tiene un sesgo altruista: sufre por nuestras desdichas. Está compungida por el paro juvenil en España. Consternada por los más de 930.000 jóvenes que hemos arrojado a la cuneta. Vaya si la entendemos: por eso queremos extirpar de raíz las causas del mal que a ella la entristece y a nosotros nos indigna. Para que sus mejillas -y las nuestras- recuperen el sonrosado color de la alegría.

Pero no lo podemos hacer sin su ayuda. El paciente, y más aún el de inclinaciones depresivas, debe poner algo de su parte. Tiene que asumir, como parte de la terapia, su cuota de responsabilidad y reconocer los errores cometidos. Al menos un par de ellos, los de calibre más grueso: la utilización indiscriminada de la guadaña y el uso pacato de la máquina de fabricar billetes. La primera cercenó el crecimiento y la segunda nos obligó a ejercer de pedigüeños en las casas de usura. Ambas causaron depresión y dejaron a cientos de miles de jóvenes en la estacada. Y a Merkel sumida en la tristeza.

La segunda parte del tratamiento comienza hoy mismo. La Unión Europea se propone incluir en su presupuesto plurianual un fondo específico para combatir el paro juvenil. Tendremos así la oportunidad de medir, en euros de curso legal, cuánto preocupa el desempleo de los jóvenes a los Veintisiete. Y también cómo se resuelve, una vez más, la disyuntiva entre la austeridad de un presupuesto menguante y la necesidad de reanimar la economía a través del gasto público. Pero, sobre todo, estaremos atentos a la actitud de Angela Merkel. Queremos saber si su tristeza es real, reflejo de su solidaridad con los jóvenes españoles, o si se asemeja sospechosamente a la de Cristiano Ronaldo.