Plan b

Ramón Pernas
Ramón Pernas NORDÉS

OPINIÓN

09 feb 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

No hay peor plan b que el que no existe. Y ello sucede con inusual frecuencia. Sin ir más lejos, el barcenazo pilló al Partido Popular y a su cúpula sin respuestas alternativas eficaces capaces de desmontar convincentemente la marea azul de la corrupción que inundó Génova, llegando el duro oleaje a la Moncloa rajoyana.

Ha sido un uppercut en todo el hígado, que impidió unificar coartadas, argumentar tesis fiables e incluso recluyó al presidente del Gobierno en una pantalla de plasma parlante recordando su profesión casi juvenil (con poco más de veinte años) de registrador de la propiedad.

Ser gallego en ejercicio es en sí mismo un plan b integral. Los analistas políticos atestiguan que el presidente del Gobierno se comunica (y decide) por los silencios prolongados, es un miembro de honor de la cofradía dos caladiños que utiliza el lema apócrifamente quijotesco del «ladran luego cabalgamos», al contrario de su plan b, logorreico y esparlapótico de una supuesta alternativa dentro de su partida que ejerce con desparpajo Esperanza Aguirre.

Tampoco Ana Mato tiene plan b creíble, cuando dice que su plan consiste en despojarse públicamente de los gananciales conyugales cuando lo que caduca es el afecto y la convivencia mientras los bienes permanecen.

Vivimos en el centro de la tormenta perfecta. Ayer y anteayer la primera página de este diario era una radiografía de los escándalos que las irregularidades económicas han sembrado por todo el Estado. Semejaba una crónica de la delincuencia política que está quebrando el ya de por sí frágil tejado de cristal de nuestra democracia. Va a resultar muy difícil reparar todos los destrozos de la corrupción. Pasarán generaciones hasta encontrar el plan b de la honestidad y el respeto ciudadano.

Y esto sucede cuando las carencias sociales nos hurtan todos los planes b posibles.

Me hubiera gustado que en lugar de Eurovegas se hubiera logrado conseguir para España un centro europeo de investigación y tecnología a implantar en las setecientas hectáreas de casinos y centros de ocio, es decir, de juego y sexo, que se construirán en Alcorcón. Ese utópico centro sería el plan b deseable, pero no ha sido así.

Regenerar, regenerarnos, puede ser el camino que nos conduzca al lugar donde se encuentran las alternativas, aunque hay muchos abismos concebidos como planes a, de aviso, de alerta, de asco.