Claro que no es extemporáneo traer aquí la relación en el papa y el tráfico, siquiera desde la perspectiva de otra relación, la que se da entre el tráfico y los jóvenes. Más intensa, más radical, y no pocas veces violenta, por ese aluvión de muertes que se ceba sin tregua con la población juvenil. La cercanía de Benedicto XVI a los jóvenes ha sido una constante de su tarea apostólica y seguramente que en su pensamiento, cuando se dirigía a la juventud, estaría la idea de riesgo del automóvil para sus vidas. Dígalo si no esta corta transcripción: «A los jóvenes de este tiempo nada les sacia? hay tristeza en los jóvenes a falta de una gran esperanza? la tristeza del mundo lleva solo a la muerte y por eso progresa el flirteo con ella, el juego de la violencia». Por eso pedía para ellos «ánimo grande? magnanimidad», que hiciesen posible el crecimiento «en la grandeza de la vocación humana».