¡Qué alegría! Nos liberan del debate del estado de la nación. Por mucho que se subleve la oposición, la idea de mezclarlo y cocinarlo con el del Consejo de Europa es genial. Así nos libramos de padecer un tostonazo donde no nos van a decir nada que no sepamos. Que esto se nos ha caído de las manos.
Porque, ¿para qué un debate sobre la situación que vivimos? ¿Tiene que decirnos el presidente del desgobierno cómo estamos? ¿Tiene que explicarnos que no cumplió ni una sola de sus promesas electorales? ¿O decirnos que estamos peor que cuando llegó a la Moncloa? ¿Es necesario que nos recuerden que no tienen voluntad de combatir el trasiego de sobres?
Bien está que nos eviten asistir al ya manido espectáculo del y usted más. Que siempre es de agradecer. Y de volver a escuchar a la oposición decir que haría lo que no hizo en décadas de gobierno y que es más ética y más rigurosa que los que ahora nos desgobiernan. Que es como para lucirse. Ahorremos esfuerzos y no perdamos el tiempo. No es preciso que nos digan cuál es el estado de la nación. Aunque, puestos a debatir, bien podrían hacerlo sobre la falta de respeto, la carencia de dignidad, la inoperancia y el choriceo generalizado. Ese sí que es un buen debate. A ver si se atreven a hacerlo.