Un debate condicionado e impropio

OPINIÓN

25 feb 2013 . Actualizado a las 06:00 h.

El resultado de los debates sobre el estado de la nación tiende a ser registrado como el triunfo o la derrota del presidente del Gobierno o del líder de la oposición. En términos tomados en préstamo del boxeo, si ha sido por un margen más o menos amplio de puntos, que a veces se matiza teniendo en cuenta las circunstancias. «Salir vivo», cuando se presume estar noqueado, supone una victoria relativa. Si se acepta esta apreciación del debate, parece fuera de duda que el presidente Rajoy salió victorioso en todos los aspectos y reforzado. La conminación a que dimitiese quedó desactivada. El formato favorece el símil pugilístico, pero la utilidad de la sesión no se reduce a declarar quién ha sido el vencedor, ni a comprobar los moratones y heridas sufridas por los contendientes. Importa conocer cuáles son las propuestas del Gobierno para el futuro y qué clima existe para llegar a acuerdos que, por su trascendencia, exceden razonablemente de la legitimidad de una mayoría parlamentaria absoluta en la situación de casi emergencia en que nos encontramos. En este sentido el debate no ha sido muy positivo.

El discurso de Rajoy, bien construido, respondió a la formalidad que cabría esperar de su función. Era inevitable que se escudara en la herencia para justificar el incumplimiento del programa electoral. Más que dirigirse a la sociedad, la firmeza y el tono de sus palabras, sobrias en el optimismo, parece que pretendían asegurar a Bruselas y a los mercados la ortodoxia de la hoja de ruta seguida y a seguir. En la narración de lo emprendido no había hueco para titubeos, y menos para fallos. También ello venía condicionado por la bancada del propio partido, afectado por el escándalo del extesorero innombrable y por una realidad social desfavorable que los afiliados han de afrontar a diario.

Un condicionamiento partidario de importancia para los intereses generales tuvo la intervención de Rubalcaba. Estaba necesitado de reafirmar un liderazgo discutido. Entra dentro de la lógica parlamentaria que se ofrezca una alternativa en política social y económica, aun con las limitaciones que se derivan de nuestra integración en el euro, y que se presente como eco de reivindicaciones sociales. Pero el reiterado requerimiento de dimisión a Rajoy hace arduo el consenso que sería necesario para los pactos que el propio Rubalcaba propuso. Se volvió al intercambio del manido «y tú más». Una magnífica ocasión perdida. Preocupante es la imputación al PP de haber obstaculizado el reconocimiento del Estatuto tal como lo había aprobado el pueblo catalán, por lo que sugiere como solución de la cuestión catalana.

Positivo fue el alegato contra una opinión generalizada sobre la corrupción en nuestro país y la mejora de la transparencia. Impropias, la expresión plástica de una minoría y la referencia del PNV a la monarquía, cuando la Constitución reconoce al País Vasco los derechos históricos, concierto económico incluido, ligados a la Corona.