La Unión Europea ha demostrado con Chipre que está sin gobierno. Para ser más justos: tiene un Gobierno que es un conjunto de títeres que son capaces de acabar con la propia Unión en cuanto se lo propongan. Y no parece que falte tanto. Cada vez que se plantea un problema en uno de los países miembros, se las ingenian para arruinarlo. Ocurrió con Grecia, con Portugal ya veremos, y ahora en Chipre terminaron de demostrar su estulticia. Puesto a escoger entre susto o muerte, el señor Durão Barroso dijo que se había evitado la quiebra desordenada de la isla, pero la meten en un crac económico. A estos les entregan la administración de Inditex y la dejan como el Deportivo.
Felizmente, tenemos el mandamiento del señor Murphy, cuyos designios siempre se cumplen y, como lo susceptible de empeorar siempre empeora, vean lo ocurrido ayer: las bolsas y las primas de riesgo estaban evolucionando bastante bien ante el acuerdo chipriota; parecía que salíamos del miedo irracional que dominaba los mercados; pero tuvo que hacer acto de presencia el presidente del Eurogrupo, un holandés de nombre irreproducible, y cumplió el viejo principio del chascarrillo: «Hoy hace un magnífico día, pero verás cómo viene alguien y lo jode». Y este señor lo hizo a la perfección: dijo que el arreglo de la banca de Chipre era el modelo que se podía aplicar en otros países: que pongan el dinero los accionistas, los bonistas y, «si fuese necesario, también los depositantes no garantizados».
Era lo que nos quedaba por escuchar. Teníamos poco con el miedo ya existente, con ese miedo que hace decir a la gente que hay que tener dinero en casa por lo que pueda pasar, y viene este insensato y nos anuncia que cualquier día, si las cosas se tuercen, nos meten una quita que nos dejan tiesos. Olé sus narices: las bolsas cayeron inmediatamente. Hay bancos españoles que en la crisis de Chipre habían perdido más del 10 % en el parqué, y ayer se acercaron ya al 15. Un solo necio, con tal de tener poder y resonancia con un micrófono delante, es capaz de arruinar a todo un continente y a sus pilares financieros. Ese holandés que tanto manda puso así un broche de oro a la agonía de Chipre con una patada en el trasero a los demás europeos.
Siempre hubo tontos en la gestión pública a todos los niveles. El diccionario está lleno de modelos de tontos, que van desde el tonto del culo al tonto de capirote, pasando por el tonto del haba, el tonto la pija, el alcornoque, el berzas y el agilipollado. A esta amplia colección de bobos, de tanta raigambre en nuestra mejor literatura, tenemos que añadir ahora una nueva categoría que promete grandes sorpresas y emociones: el tonto de la Unión. Los hay a mansalva.