Iñaki el machote

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

07 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Estén atentos, mis amigos varones, porque en cinco millones de años se extinguirán ustedes. La genetista australiana Jenny Graves ha puesto fecha de caducidad a los hombres, a quienes su debilitado cromosoma Y acabará pasando una factura mortal. Cuando el apagón masculino acontezca, quizás adquiera una nueva dimensión el arsenal interminable de contratiempos asociados a la expresión más desbocada de la virilidad. Iñaki Urdangarin, por ejemplo. No caerá en el destierro social el duque por esos deditos vibrantes que tanto disfrutaban contando billetes de cincuenta en cincuenta hasta juntar los ocho millones que costó Pedralbes. La aventura aristocrática del balonmanista acabará más por sus excitaciones orgánicas que por robar. Cuando la vomitona informática de Diego Torres alcance de lleno la alcoba de Iñaki sabrá de verdad lo que es el desprecio. El repudio casi inevitable que acometerá la infanta enamorada dejará al descubierto su carne de plebeyo mortal que ya podrá ser el chivo expiatorio que esta historia necesita. La marcha atrás de la declaración de la infanta nos ha dejado el mismo vacío frustrante de los ayuntamientos bruscamente inacabados pero sobre todo nos ha puesto de frente con una realidad terrible: somos todos iguales, pero algunos son más iguales que otros. A estas alturas imagino que el duque empalmado habrá empezado a sentir ya la pesadumbre de la igualdad. Esa condición que sería un bálsamo de justicia y equidad si existiera, pero que se convierte en una losa pegajosa cuando se aplica como coartada para mantener los privilegios de los distintos. A Iñaki solo le queda un consuelo: esperar cinco millones de años para dejar de ser un machote.