No se van: los echáis

Manuel Lago< / span> EN CONSTRUCCIÓN

OPINIÓN

21 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Fátima Báñez pasará a la historia como la peor ministra de Trabajo de la democracia. Y lo hará no solo por su fracaso absoluto expresado en esa cifra aterradora de seis millones de personas en paro. También por ser la más frívola, la más irresponsable, la más banal. A su ya larga colección de frases y actos sin sentido ha incorporado esta semana una afirmación que se mueve entre la simpleza, la mentira y el desprecio a la gente.

La ministra del «estamos muy moderadamente satisfechos» con la reforma laboral ha dicho que los jóvenes españoles que tienen que irse del país en busca de un empleo en realidad realizan un ejercicio de «movilidad exterior». Y no lo dijo en un bar como una broma, fue su respuesta oficial en el propio Parlamento ante una campaña de movilización de los jóvenes españoles emigrados realizada con el lema «No nos vamos: nos echan».

Y tienen toda la razón. Porque la realidad laboral de los jóvenes en España es tan dramática que se ven condenados a tomar la misma salida que sus padres o abuelos: emigrar. Desde que empezó la crisis el empleo de los jóvenes se ha desplomado: desde el año 2008 se han destruido 2.177.100 empleos ocupados por personas menores de 30 años, de tal forma que la mitad de los jóvenes han perdido su empleo.

En realidad el ajuste del empleo ha recaído sobre sus espaldas, porque dos de cada tres empleos perdidos en total estaban ocupados por menores de 30 años. Una situación que afecta a todos los jóvenes, incluidos los que tienen más formación, porque casi 600.000 con formación universitaria también han perdido su trabajo. Las tasas de paro de los jóvenes son tan elevadas que se convierten casi en absurdas, porque si la media es del 52 % entre los que quieren trabajar con menos de 30 años, llega hasta el 74 % entre los que tienen menos de 19 años.

Estas son sin duda realidades dramáticas que llenan de desesperación a los jóvenes y a toda la sociedad española. Pero hay algo todavía peor, algo que nos sitúa en el vértigo ante el futuro de este país. Porque en la crisis se han destruido 2,2 millones de empleos ocupados por jóvenes pero el paro juvenil solo se incrementó en 735.000. Y de esta diferencia enorme surge una pregunta muy inquietante: ¿dónde están los 1,4 millones de jóvenes menores de 30 años que ya no trabajan pero que tampoco están en el paro?