Malas noticias desde Euskadi. El proceso para la desaparición de ETA no solo está interrumpido, sino que hay signos y síntomas preocupantes.
Las delegaciones, más o menos encubiertas, que seguían la hoja de ruta marcada por los mediadores internacionales, con sede en Noruega, entre los que se encontraba Josu Ternera -el general-, han sido expulsadas.
Vuelven conatos y más, de kale borroka, en Basauri, Lequeitio y Guecho. Cuestión que había sido abandonada por compromiso de la izquierda abertzale y de la propia ETA.
Tras los actos de recibimiento y despedida del jefe de ETA, Thierry, ambas partes del conflicto se han desafiado. Los radicales, justificando lo injustificable, aludiendo a las víctimas como asesinatos políticos. Caso de una sesión parlamentaria en la que la portavoz de Sortu califica como tal el asesinato de Fernando Buesa.
Otro tanto podemos decir de la Delegación del Gobierno en Euskadi. Su titular, hombre de no muchas luces -Carlos Urquijo-, ha impulsado la actuación de la Fiscalía para investigar diferentes actuaciones de cargos electos de la izquierda abertzale, incluso ha prohibido y amenazado con medidas disciplinarias a la Universidad Pública Vasca, por permitir una conferencia que lleva por título «Presos políticos y resolución de conflictos».
Desde la vuelta del PNV al Gobierno vasco, su lendakari ha manifestado a Rajoy que ilegalizar Sortu constituiría un preocupante salto atrás. Al mismo tiempo -incoherencia-, le comunicó al presidente del Gobierno de España que es intención del Gobierno vasco suprimir las escoltas, a finales de mayo, a los altos cargos políticos cuya seguridad corresponde al departamento de Interior del Gobierno que preside Urkullu.
Esta última comunicación no ha sido aceptada, pero tiene tintes de fórmula perversa para que los cargos políticos socialistas y populares que son protegidos, ante el cambio en su seguridad, presionen a quien corresponda para que el proceso del fin de ETA se acelere.
Se han detectado movimientos en la organización criminal, que no solo no habla de entrega de las armas, es que están incrementando su plantilla con jóvenes procedentes del mundo radical.
Analistas de los servicios antiterroristas han avisado de un potencial riesgo de vuelta a comportamientos pasados.
Sería muy lamentable volver a las páginas de los sucesos.