El aserto de Núñez Feijoo de que al Gobierno le falta un relato ha tenido repercusión mediática. Da para un titular, lo que no es ajeno al oficio de los políticos. Pronunciado por un destacado miembro del partido que apoya al Gobierno tenía un atractivo adicional. Sin entrar en el interior de los partidos políticos que para los no militantes puede ser un laberinto, era inevitable alguna matización oficial más o menos ingeniosa. A veces los portavoces se ven obligados a decir que amanece cuando se pone el sol. De qué se trata. En la segunda acepción del Diccionario de la Academia es narración o cuento. Saque el lector las conclusiones que le parezcan. De la última comparecencia del presidente en el Congreso podría concluirse sin esfuerzo que existe un relato en versión continua. Estamos en la buena dirección que nos ha salvado de la bancarrota y nos permitirá superar la crisis. El Ejecutivo -el nombre inquieta- seguirá centrado en la reducción del déficit y las reformas que considere adecuadas para corregir los desequilibrios. Podrá estarse o no de acuerdo con las medidas y el pronóstico, pero el relato no puede ser más explícito. Otra cosa es si genera empatía, en el caso de que el relator la considere necesaria.
El relato, podría decirse, es una obsesión generalizada en los políticos, entendido como la manera de contar más beneficiosa para justificar la actuación. Para ello suelen disponer de no escasos asesores personales o de partido. Hay que escuchar al gurú o al estilista. Se elige el mensaje y el momento para colocarlo, que puede servir también para llevar al toro de la opinión pública a otro terreno. Hace unas semanas los ministros de Economía y Hacienda presentaron en rueda de prensa un panorama desolador. La tasa de paro en el 2015 llegaría al 25,8 % y el PIB no crecería por encima del 1 % hasta el 2016. Se rectificaban a peor cifras de unos meses antes. Se calificaban de hipótesis muy cautas para aportar credibilidad a la actuación del Gobierno en el exterior. El presidente ha venido a sostener en el Congreso que son realistas, que pueden mejorarse, no tienen por qué cumplirse. Un relato en dos entregas, como una ducha escocesa virtual.
Rajoy dice que sabe adónde va. El alivio del retraso de dos años para cumplir con el déficit marcado por Bruselas sería una confirmación. Haber sido liberados de un rescate pavoroso es su gran argumento, aliñado con una discreta alusión a que los sacrificios darán fruto en un futuro siempre movible, estando fijada ahora la cosecha para el 2014. La mayoría absoluta le da seguridad. Es posible que desde el interés electoral del PP pueda tener razón para no cambiar, a la vista del desierto que avizora según el sondeo del CIS.
Se reclama de nuevo fe; en las urnas se prestó amplia confianza. Para pedir paciencia hay que hacerse sentir más próximo a los ciudadanos, compadecer con ellos los sacrificios, no desechar por principio propuestas coherentes con el programa incumplido. Quizá eso falta al relato.