Una mosca a los postres

Mariluz Ferreiro A MI BOLA

OPINIÓN

15 may 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Encontrar una mosca en la sopa siempre ha sido un desagradable inconveniente. Pero, según la FAO, se trata de una gran oportunidad. Lo ideal es sumergir la cuchara por debajo del bicho con elegancia de nadadora de sincronizada para incorporar el animalillo al siguiente sorbo. Porque la mosca no cuece, pero enriquece. El organismo de las Naciones Unidas que vela por la alimentación y la agricultura invita a explorar el potencial alimentario de los insectos. Este plato invertebrado es parte de la gastronomía de muchos países. Pero allí donde no se lleva al plato, la propuesta, irónicamente, parece lo inverso de matar moscas a cañonazos. Algo así como tirar chinas a un elefante. O dispararle a una ballena azul con una pistola de agua. Suena a ese tipo de iniciativas con las que las asociaciones apolilladas intentan pegar ese pequeño bote de saltamontes que las acerque a una especie de vanguardia o modernidad. Pero en los platos que se ofrecían ayer mismo en una de las cafeterías de la ONU no se aplicaba ningún ejemplo práctico de la explotación del potencial de los insectos en materia alimentaria. De hecho, lo más parecido a un insecto era el pollo General Tso. En ese concurso de ideas peregrinas lanzadas con alegría desde las altas cumbres, esas que están por encima los nubarrones, asusta más la del contrato único del comisario de Empleo de la Unión Europea. Porque en este caso sí podría convertirse en ley. De momento, el Gobierno lo niega. Pero ahí queda la invitación. Y, de nuevo, parece otro intento de pisotón sobre las hormigas, esas que ahora están en el menú.