Talento y gobierno

OPINIÓN

26 may 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

N o sin fundamento pero sí con mala uva se dice ahora que España importa personas sin cualificar y exporta licenciados.

Los estudios sobre la calidad de la enseñanza en los países de la Unión Europea o de la OCDE sitúan a España en lugares poco edificantes. Se llamen IEA o PISA, los niños y adolescentes españoles alcanzan puestos por debajo de la media de la OCDE, ningún aprobado y un 31,2 % de fracaso escolar, el doble del de la UE. En contraposición con estos ránkings, aquellos que analizan las escuelas de negocios colocan a España con tres MBA (IESE, ESADE e IE) en lo más alto del escalafón mundial, después de Estados Unidos.

El MBA (maestría en administración de negocios, en sus siglas inglesas) es un programa académico que exige lo mejor de cada participante para adquirir los conocimientos más idóneos en administración de empresas y las competencias de liderazgo imprescindibles para convertirse en factor de cambio en el entorno global. Cada año, el 90 % de los alumnos de los MBA españoles son foráneos, principalmente de Alemania, Israel, Brasil, Estados Unidos y China, que una vez que obtienen el título y si no son ciudadanos de la UE se ven abocados a abandonar España porque la renovación del visado y la obtención de un permiso de trabajo y residencia es una pesadilla burocrática insufrible.

Un Gobierno empeñado en mejorar la enseñanza, que ha decidido con acierto que la política exterior debe enfocarse básicamente a la defensa de los intereses económicos y que moviliza al jefe del Estado para abrir mercados, debería solucionar un asunto que retendría talentos deseosos de innovar, investigar y crear empresas nacionales porque España no solo no tiene políticas para atraer inteligencia, sino tampoco para rentabilizar su inversión pública en formación.

Para incentivar por otro camino la compra del ingente parque de viviendas sin vender, el Ejecutivo concede permisos de residencia a los extranjeros que invierten en ladrillo un mínimo de 500.000 euros, pero no ha resuelto el problema de esas personas brillantes que ven frustrado su deseo de quedarse en España para crear riqueza. Canadá otorga permisos de tres años para graduados; Singapur, un año desde la graduación, y Chile cobra 100 dólares por visado a los emprendedores que se quieren instalar.

¿Por qué España no concede permiso de trabajo y visado permanente a todo aquel que obtiene un MBA en nuestras escuelas de negocios? Los ministros de Exteriores, Trabajo e Interior deberían poner este asunto en su agenda.