Somos un exceso permanente. Vivimos mucho, gastamos mucho, nos divertimos mucho y comemos mucho. Lo de comer mucho nos lo acaba de reprochar la ministra de la cosa, que debe de estar muy preocupada porque tenemos demasiada salud y así no hay quien mantenga el sistema de pensiones.
Comemos demasiado. También los 130.000 gallegos que viven de la sopa de beneficencia, los más de tres millones de españoles que sobreviven en la pobreza extrema, los miles de escolares que solo hacen una comida al día y los que colapsan a diario los comedores sociales. Todos comemos mucho. Por eso ahora viene la señora ministra y nos lanza una regañina, advirtiéndonos de lo mal que lo hacemos.
La ministra Mato, una de las más significadas cumbres del pensamiento moderno, ha puesto el dedo en la llaga. El problema que tenemos ahora mismo los españoles es que comemos «más de lo debido» y nos movemos «poco». Todo lo demás son minucias. Ya dicen las estadísticas que si yo me como un pollo y usted ninguno, nos comemos medio pollo cada uno. Así que esas son las normas que aplica la ministra. Cree que como a ella una hada madrina le dejó un Jaguar en el garaje, todos tenemos medio Jaguar en el párking. Es así de simple. La pobre.