Se hizo conocido tanto por sus inversiones millonarias como por la sofisticación de su segunda esposa, Mozah. El orondo y aparentemente apacible Hamad bin Jalifa al Zani, quien ocupó el trono de Catar tras derrocar a su padre con un golpe palaciego en 1995, acaba de anunciar que lo cede a su hijo Tamim. Hamad no solo elevó el PIB anual de su emirato de 8.000 a 174.000 millones de dólares en menos de dos décadas, sino que invirtió esos ingresos en el desarrollo y modernización de Catar hasta convertirlo en uno de los actores con más peso e influencia de Oriente Próximo.
El futuro emir de Catar es el segundo hijo varón con su segunda esposa, Mozah. De 33 años de edad y educado en Europa, parece ser un poco más conservador que su progenitor, aunque los expertos aseguran que no habrá cambios en la trayectoria del pequeño emirato, accionista relevante de empresas tan importantes como Barclays, Harrods o Volkswagen.
Pero, al margen del funcionamiento interno, esta abdicación abre serias incógnitas sobre si Catar seguirá interviniendo en el escenario de Oriente Próximo, donde, manteniendo buenas relaciones con Irán, se ha posicionado de manera decisiva a favor de las revueltas sociales y en defensa de los rebeldes sirios.