Nuestros partidos

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

01 jul 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Diríamos, casi sin dudarlo, que nuestros partidos políticos son nuestros. Pero ¿lo son de verdad? A veces uno escucha a sus dirigentes y le parecen más bien habitantes de un Estado llamado Limbo. Nada que ver con nuestra realidad. Hablan de lo que les conviene para medrar o para batir al rival, cuando no enemigo. Sin embargo, son nuestros. Y, para colmo, se parecen demasiado entre sí. Tanto que el escritor Carlos Barrett decía que la única manera de distinguirlos era ponerles un color.

Marcelo Torcuato de Alvear, que fue un buen presidente de Argentina entre 1922 y 1928, lo dijo con claridad: «Los hombres somos transitorios, pero los partidos organizados, con sus virtudes y defectos, son fuerzas permanentes y necesarias, llamadas a progresar y a perfeccionarse». Pero, ¿progresan y se perfeccionan siempre? ¿O a veces caminan alarmantemente hacia atrás? Hoy en día hay españoles que echan en falta la UCD de Adolfo Suárez, el PSOE de Felipe González o el PP de Fragaznar. ¿Son unos nostálgicos o están preocupados por la deriva de estas formaciones?

No escribo estas líneas para cuestionar el sistema de partidos (que es el democrático), sino para llamar la atención sobre aquello que debemos exigir de las distintas formaciones políticas, las cuales a veces parecen creer que se lo pueden permitir todo, y no es así. El escritor y político uruguayo José Enrique Rodó decía que «los partidos no mueren de muerte natural, se suicidan». Y yo pienso a veces que en España hay algunos con vocación suicida, llevados por cegueras y arrebatos infantiles.

Hay que decirlo con claridad. Los partidos políticos son nuestros y nada nos impide deshacernos de aquellos que pierdan el norte y apenas si se representen a sí mismos. Porque tampoco son solo de sus militantes. El juego democrático demanda de ellos la aspiración de representar una parte significativa de la sociedad. Y para medir esa representación están las elecciones. Por eso creo que nuestros partidos deben escucharnos más y mejorar sus propuestas. Porque nosotros los juzgaremos.