Yo creo que el asunto de Gibraltar se está tratando de manera equivocada. Tras estos días aciagos en que el país se desmorona -la falta de confianza en los políticos, la corrupción, el desmembramiento...-, ahora de nuevo Gibraltar. Pues, señores, yo tengo un plan. Creo que Exteriores lleva mal este asunto, y que el Gobierno está a punto de desperdiciar una oportunidad histórica. Son ya muchos siglos de reivindicar la roca para nada. Ha llegado la hora de cambiar el chip. No pidamos un Gibraltar español, sino al revés: España gibraltareña. Que se corra la valla hasta el Cantábrico, cubriendo todo el territorio nacional, menos Cataluña, claro. Que los catalanes pasen a ser llanitos y se entiendan a partir de ahora con Cameron. Que Galicia sea parte de la roca y los monos nos invadan. Yo sueño con ese día en que puedan cambiar mis vacaciones en Carnota por los viajes baratos a Mallorca para hacer balconing y beber hasta perder el conocimiento. Con el día en que ya no me preocupe la delgadez de Letizia sino la gordura de Kate. En que mi soberano cace zorros en lugar de elefantes. Que pueda desfilar por las calles de Bilbao con bombín y paraguas provocadoramente, reivindicando la naranja. Un país, en fin, en que ya no sea necesario tirar cabras desde los campanarios ni emprender guerras de tomates o de moros y cristianos. Yo quiero ser paisano de Molly Bloom y tener papel moneda con la cara de Jane Austen. Y ver que en su tierna infancia todos los niños de España supieran hablar inglés.