A ver, griten conmigo, como en los viejos tiempos: ¡Gibraltar español! Más fuerte. Bueno, pues ya hemos cumplido con el papel de patriotas y defensores de lo nuestro y hasta puede que los ingleses se hayan asustado y comiencen los trámites para devolvernos el Peñón.
Porque como no los atemoricemos nosotros, no lo va a hacer nuestro Gobierno con sus bravuconadas. La genial frase del ministro Margallo de «se acabó el recreo», como titular de prensa queda estupendo, pero como gestión diplomática es una birria. Entre otras muchas cosas porque el ministro sabe, como sabemos todos los pinganillos de este país, que lo de Gibraltar no se arregla a gritos ni con amenazas.
En los planes de los ingleses no entra devolver la roca. Ni tampoco en los de los llanitos. Y lo único que se logra con estas salidas de tono es amargarles la vida a las casi ocho mil familias españolas cuya economía depende de Gibraltar. Porque ni pescadores, ni profesionales, ni trabajadores, ni partidos, con la única excepción de siempre, quieren más tensión ni más problemas.
Así que rebajemos la tirantez y, sobre todo, recordemos que Gibraltar no es Perejil. Porque lo mismo al ministro se le ocurre repetir aquello de Federico Trillo de «al amanecer y con viento de levante».