La memoria

Mariluz Ferreiro A MI BOLA

OPINIÓN

14 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

La memoria es caprichosa. Como la huella del agua sobre la tierra. Con generosas cascadas. Pero también con lagunas. Algunas son profundas, oscuras y dolorosamente tristes. Otras, muy diferentes, funcionan como espejos que ofrecen el reflejo del desmemoriado en cuestión. «No recuerdo», repitieron Álvarez Cascos y Javier Arenas en sus declaraciones ante el juez sobre el caso Bárcenas. Bien podría ser el resumen o el epílogo de los últimos años en este territorio que creíamos parte de Europa. Después de la borrachera, llega la insoportable resaca, bastante más insoportable que la levedad del ser. Y, con esta última, el olvido. En ese tránsito entre la euforia etílica y el despertar siempre se aparcan retales de ese pasado reciente. ¿Pero quién no se ha acogido a ese derecho al olvido, el de incluir conscientemente en la colección de desmemorias aquello de lo que no quiere acordarse? ¿Quién no ha querido creer que lo vivido fue un mal sueño, una leyenda urbana? De hecho, ese recurso es parte de la liturgia en cualquier digestión de los excesos. Muchos han regateado malas noches y peores mañanas con un «no me acuerdo» que era en realidad una verdad a medias (o, como mucho, en un tercio). En su historia reciente, España ha ido perdiendo algunas cosas mucho más valiosas que un peñón. Aunque no sean tangibles como una roca, sí pueden golpear de forma más dura. Pero quizás algunos no lo recuerden. Por la borrachera. Por esa resaca que arrastra crisis adentro hacia lugares desde los que no se divisan brotes verdes. Ni lagunas. Pero tampoco Gibraltar.