Es curioso que dos de los últimos secretarios generales del PP, principal partido de España en número de afiliados, y casi la totalidad de ellos españoles, sean suecos. Un auténtico atentado a la estadística. Siempre consideré a los escandinavos como gente metódica y disciplinada, pero está visto que no es así. Los ex secretarios generales populares Francisco Álvarez-Cascos y Javier Arenas han fijado su residencia habitual en las Batuecas, y se limitan a decir en la comparecencia ante el juez Ruz que lo único que recuerdan es que en su partido existía un absoluto descontrol de donativos. Si lo recuerdan es porque lo sabían. Entonces, ¿por qué no evitaron que esto no fuera así? ¿Será que una epidemia de amnesia planea sobre la sede de Génova? ¿O es que realmente no son suecos y tan solo se lo hacen? ¿No hubiese supuesto, caso de que se hubiera puesto fin a esas práctica irregulares, que lo de del chollo de los sobres no fuera factible? Todo este escándalo debe suponer que Rajoy, si es que no regresa a Santa Pola a ganar sueldos y no sobresueldos, haga tábula rasa en el organigrama de su formación y mande para casa a toda su vieja guardia pretoriana. Es la hora de la renovación. Y a mi entender en Galicia tenemos a la persona que debe empezar a mover ficha.