En mayo del año 2010, en vísperas de que el Gobierno español tomase las primeras medidas del ajuste que no cesa, Barack Obama llamó por teléfono a Zapatero para convencerlo de que la crisis por entonces innombrable ya estaba aquí y de que era hora de empezar a actuar. Entonces se interpretó aquella llamada como el toque de atención del aliado para que el presidente español acabase de caer del guindo. Y cayó. Y reconoció la crisis. Y comenzó el recorte -despiadado- del déficit público.
No estamos aquí para hacerle muchos reproches a Estados Unidos, que bastante tenemos con lo nuestro. Tres años después, se ve que Obama aún sigue con atención nuestros avatares económicos. Pese a los numerosos, variados y enormes quebraderos de cabeza que debe de tener el jefe de la primera potencia mundial y comandante en jefe del Ejército más poderoso del mundo, Obama ha tenido tiempo de reparar y valorar la capacidad de la economía española para crear 31 empleos netos en el mes de agosto. El presidente norteamericano no ha dejado pasar la ocasión de felicitar a Rajoy por nuestros progresos en cuanto ha tenido ocasión de hacerlo.
Sucedió ayer, en la cumbre que los países del G20 celebran para analizar la evolución de la economía y el empleo en el mundo. Una cumbre, por cierto, en la que la previsible intervención militar en Siria planea como una sombra pesada. No sería raro que después de los reconocimientos y la invitación a visitar la Casa Blanca llegue la petición para que Rajoy abandone la tibieza sobre los planes de ataque. Un elogio que parece un preaviso para el zafarrancho.