En el mar tenebroso que propiciaba una guerra internacional, con la intervención de las grandes potencias, ha aparecido un auténtico salvavidas caído del cielo. Cuando todo hacía presagiar lo peor, con el ataque inevitable de misiles a Siria, para romper la resistencia del Gobierno de Al Asad, milagrosamente surgió este artilugio de salvación al que rápidamente se han aferrado todos los comprometidos en la peligrosa intervención militar en la guerra civil de Siria.
De pronto apareció el plan de destrucción de las armas químicas que Siria aceptó bajo el control internacional. Rusia de inmediato se comprometió a presentar el plan en el Consejo de Seguridad de la ONU. EE.?UU. anunció que suspendía el ataque y proponía que se abran las negociaciones de paz, tal como se habían iniciado anteriormente. Así, los países de Oriente Medio respiraron aliviados. Israel, Turquía y Jordania, por el apoyo que deberían prestar a EE.?UU. Por otra parte, el Líbano e Irán, con Hezbolá, más comprometidos con Siria, ven cómo se aleja el fantasma de la guerra. En fin, la paz posible no será fácil porque son muchos los intereses encontrados, pero para eso está la diplomacia y salvar a ese gran país que es Siria, que ya existía en tiempos de Jesucristo, para que no desapareciese una de las grandes culturas por la torpeza de los seres humanos. En algo tendría que notarse que estamos en el siglo XXI y que el papa Francisco ha movilizado a los cristianos para pedir la paz, precisamente al que se le otorgó no hace mucho el Premio Nobel de la Paz.