Goles son amores y no explicaciones que no van más allá de flojas disculpas. Goles, son goles, sin exagerar ni supervalorarlos más que en su justa medida. Acepto la discrepancia con mi forma de pensar, en desacuerdo por la desorbitada reacción de algunos comentaristas valorando en exceso el gol de Juan Domínguez, gol que valió los tres puntos para un Deportivo sediento. La aclaración nace por el modo y manera de festejar ese gol que valió para ganar, que no es poco, pero sin pasar más allá de la reacción porque lo conseguido tampoco excede lo que el seguidor deportivista esperaba: victoria coruñesa y que el conjunto de Fernando Vázquez levante la cabeza y encuentre el camino que le lleve a la parte alta.
Lo demás es pura paja, pues resulta infantil darle tanta influencia a un gol en la sexta jornada del campeonato. Si acaso, la importancia es para ese joven y prometedor futbolista con buenas maneras que es Juan Domínguez al que, dicho sea tocando el tema, hay que recomendarle mejorar su marca goleadora porque facultades el chico las posee pero 6 goles en cinco temporadas no son para llamar la atención. En el fútbol de hoy, el mínimo dato favorable se aprovecha para alardear si es bien explotado.
Pero hablaremos del pasado, resaltando que Pahíño marcó 124 goles en 144 partidos, con el Madrid. Ya en el Deportivo, formando aquella delantera con Arsenio, Bazán, Pahíño, Lechuga y Tino marcaron 61 goles en la temporada 54-55, en Primera División. Al Madrid se le ganó en el Bernabéu (1-2) con dos goles de Pahíño, y en Riazor (2-2) Pahíño estableció un récord, consiguiendo el gol al Madrid, a los 20 segundos de juego. Sucedió el 7 de febrero de 1954, con 2-2 final.