Sospecha el juez Ruz que el PP pagó en negro la reforma de la sede general del partido. Las pesquisas del magistrado parecen haber determinado que el arquitecto Gonzalo Urquijo se cobró 880.000 euros sin factura, lo que concedería a los gestores de Génova 13 la misma consideración ciudadana que proclama el chapuzas que nos desembozó el váter y que mientras traslada el mondadientes de la comisura derecha al colmillo izquierdo inquiere: ¿con factura o sin factura? Podía estar bien la comparación si no fuera decididamente injusta para el inefable ñapas que manotea con la miseria desatascando agujeros. Porque si las conjeturas de Ruz son atinadas significaría que el partido que sustenta al Gobierno de España está dirigido por cínicos desvergonzados que se han reído en nuestra cara del compromiso ciudadano con el que atendemos nuestras dolorosas obligaciones tributarias los que sí creemos que el tinglado del bienestar lo hemos de pagar entre todos. Por eso ojalá que el juez esté equivocado, que no sea cierta esta monumental tomadura de pelo que desnudaría el alma de un partido que estaría tomándose de coña las normas que nos aproximan a una sociedad moderna, madura y equitativa. Claro que tendremos que estar atentos, porque el PP ya ha demostrado que el asunto este de los impuestos es muy obligatorio para la masa pero tirando a negociable para el defraudador profesional cuyas trapacerías pueden ser premiadas con el gordo de una amnistía fiscal. Lo peor de la crisis no es que la pobreza se convierta en una amenaza existencial, sino la fastidiosa sensación de que nos toman por parvos.