Como otras tantas cosas (el jamón, los automóviles o el vino), la Red puede utilizarse bien o mal. Compartir una botella de buen vino, dar un tranquilo paseo en coche o meterle el cuchillo a un jamón de pata negra son sin duda actividades deliciosas. Emborracharse hasta caerse por el suelo, correr como un loco o hartarse de Jabugo hasta tener el colesterol por la estratosfera constituyen, por el contrario, comportamientos deplorables, malos para la salud y prueba de nula inteligencia.
En la Red se reúne, también, lo mejor y lo peor. La Red es un instrumento de posibilidades infinitas que está mejorando la forma de vivir de cientos de millones de personas, pero es también, ¡ay!, el refugio de todos los necios de este mundo, que, amparados en el aparente anonimato de una trama de información universal, se atreven a vomitar a diario su estupidez, su ignorancia o su entendimiento pavoroso de lo que es la dignidad.
El último ejemplo es el del presidente de las Nuevas Generaciones del PP en la provincia de Huesca, un tal Ferrando, que nos informa en la Red de que ha ligado («¡Yujuuu!», grita el pollo alborozado) e ilustra su buena suerte en el arte del cortejo con una foto vergonzosa, que indica que el ligón ha dimitido de su condición de ser humano: la de una joven, medio vestida y desmadejada por los efectos de un narcótico, que es literalmente arrastrada por un hombre.
La cosa jamás podría dar para hacer bromas, como cree el tal Ferrando, pero mucho menos si se tiene en cuenta que hay en el mundo millones de mujeres que se ven forzadas a ligar contra su libre voluntad para poder seguir viviendo. El tráfico de mujeres de todas las edades, incluido el tráfico de niñas, es un problema formidable, que pone a prueba la capacidad del ser humano para erradicar las más sucias e injustas lacras de este mundo.
Metidos como estamos en una gresca política sin fin, habrá quien solo verá en lo de Ferrando el hecho de que ese botarate es del PP, pues ya se sabe que hay mucha gente empeñada en mirar al dedo cuando el dedo señala hacia la luna. Pero no, el asunto no reside en si Ferrando es del PP, del PPo o del PPO. El grave problema es que haya en España un joven que quizá aspira a ser un día un representante popular y que considera que no es una indignidad hacer bromas con la foto de una joven sometida a la misma violencia que sufren a diario en todo el mundo millones de mujeres.
Sus adversarios han pedido la dimisión de Ferrando y yo me uno. Pero añado una propuesta: que, como para conducir, haya que tener, para acceder a la Red, un carné por puntos, que se van perdiendo a medida que uno mete en ella basura que no sirve para otra cosa que para que nos avergoncemos de nuestros semejantes. Muchos pensarán que estoy pirado, pero ¿quién sabe? Quizá algún día.