Escuchas la conversación. Pero no como quien oye llover. Escuchas. Te interesa. Uno de los que hablan en el bar recuerda el accidente en la mina y dice que, para él, es el peor trabajo. Ese pozo de León que tenía 694 metros de profundidad y que se llevó las vidas de los mineros con la muerte con silenciador del grisú. 694 son más metros que dos veces la torre Eiffel con antena (dos torres son 648 metros). Dice el que habla: «¿Habéis estado en París?, pues pensad en dos torres una encima de otra pero hacia abajo». Solo la imagen provoca claustrofobia. Otro dice que también es terrible salir al mar. Es de Malpica y dice que, a veces, ve salir a amigos con mar complicada, con la noche como un tizón. Y que los barcos parecen zapatillas, pequeñas zapatillas, zarandeados por las olas. Un tercero les reconoce que la mina y la mar son oficios duros. Hay que tener un pellejo especial, comenta. Pero añade que él con lo que no puede es con las cadenas de separación de basura. Entrar a trabajar una hora tras otra y separa restos de basura. Así un día y otro día. Esos no son días, apuntala, eso tiene que vivirse cada jornada como una noche. Y luego viene el presidente del Eurogrupo de apellido impronunciable a decir que en España «hay que trabajar más tiempo y más duro».